Después de una semana intentando hacer más o menos las labores domésticas, el buen señor se está dando cuenta que las cosas no se hacen solas. Está comprobando que si quiere comer tiene que hacer la comida y poner la mesa, quitarla y fregar los, platos. También meter la ropa en la lavadora y limpiar el suelo. La verdad que de momento no dedica mucho tiempo a los quehaceres de la casa, por lo que la faena se le va acumulando, solo va haciendo, como aquel que dice, lo que ve la suegra. Le recuerdo que tiene que fregar e higienizar el baño y limpiar el polvo, por lo menos, por la zona que alcanza mi vista.
Los días pasan lentamente, me siento desvalida y me doy cuenta de la poca cosa que llegamos a ser. La mujer de mi sobrino ha fallecido y ni tan siquiera puedo ir al entierro. Siento mucho su perdida, la vida da golpes duros y este ha sido muy fuerte para toda la familia. Era una chica muy noble y se hacía querer, la conocía desde que tenía quince años, ennovió con mi sobrino político y se casaron muy jovencitos. Se ha marchado, muy joven. D.E.P.