La voz del viento.
Desde la cama miro por la ventana
la cortina deja entrever la oscuridad.
El reloj marca las dos de la madrugada.
Cierro los ojos e intento dormir.
Oigo hablar y la luz solar con sensor de
movimiento de la terraza, se ha encendido,
me levanto y miro por la ventana, no veo nada.
Seguramente he oído las voces del viento y
son las que han encendido la luz de la terraza.
Miro el reloj y marca las cuatro y media.
Voy al baño y me meto de nuevo a la cama,
las sabanas están frías, encojo las piernas y cruzo
los brazo, me pongo en posición fetal mientras que
recito un padrenuestro.
Siento ruido y entre la cortina veo luces parpadeantes
parecidas a las de un carrusel de feria y, pienso que
deben ser las del camión de la basura.
Espero que amanezca, el reloj marca las cinco y cuarto,
me acurruco de nuevo esperando que llegue la luz del día.
Doy vueltas y más vueltas en la cama, buscando la posición
mágica del sueño profundo, pero no lo encuentro.
A las nueve y media hago un esfuerzo para levantarme
estoy agotada pero me levanto, no porque tenga
ganas, sino porque creo que debo dar de comer a las gallinas
y a la Maka, (mi perra)
Para mí me preparo una tostada untada con mermelada de
naranja amarga acompañada de queso fresco y miel, y una taza
de“leche de avena” bien caliente.
Miro el móvil y veo que, en el grupo de la comunidad, comunican
que aun vecino, sobre las cinco de la madrugada, les han entrado a robar.
Y entonces yo me pregunto:
¿Realmente eran las voces del viento lo que me despertó y
encendió la luz de la terraza?
Trini Viñas.